Dos películas iguales requieren estrategia distinta…

Una entrega especial sobre la peliculesca realidad… Y una versión sobre las tres ventanillas…

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Una entrega especial sobre la peliculesca realidad…
Y una versión sobre las tres ventanillas…

En una charla de café, es hasta cierto punto fácil exponer teorías políticas sobre la realidad peliculesca que hoy nos acontece en nuestra entidad, en donde hay varios actores que siendo muy distintos, tienen que seguir más o menos el mismo camino para llegar al mismo fin, es decir, hay dos o más película que tratan de mismo tema y son presentadas al mismo tiempo en la sala de la palestra local.

Hace unos años fueron lanzadas a los cines del mundo un par de películas que trataban más o menos de lo mismo, una titulada Armagedón, donde la estrella principal era Bruce Willis, la trama de la película trata de un enorme asteroide que viene a estrellarse sobre la tierra y para salvar a la humanidad el Gobierno de los Estados Unidos contrata a un grupo de inestables que trabajan como perforadores en plataformas marinas.

Por cierto, “Armagedón” es el término bíblico que aparece en el libro del Apocalipsis, capítulo 16, versículo 16. Aunque el término es de origen cristiano, varias religiones y culturas lo emplean para referirse generalmente al fin del mundo o al fin del tiempo mediante catástrofes.

La otra película fue la de Impacto Profundo, con los enormes Robert Duvall, Morgan Freeman y un gran reparto.

Esa trata de lo mismo, pero con la variante de que es el gobierno de los Estados Unidos el que trata de ocultar toda la información sobre un cometa que viene a estrellarse contra la tierra, el cual fue descubierto por un adolescente en una clase de astronomía.

En las dos películas la tierra se salva y en las dos películas, se mueren los héroes principales.

Pues bien, hoy en Chihuahua hay dos grandes asteroides que caminan con rumbo al 2024, año en el que tienen que lograr la reelección. Para lograrlo deben de llegar a finales del 2023, tan fortalecidos y tan claramente posicionados, que no exista la posibilidad política de que quien manda al interior de sus respectivas galaxias, tome la determinación de cambiarlo por otro adalid.

En el caso del cometa azul, la que manda tiene que dejarlo caminar, brillar y hacer, pues de lo contrario le estaría quitando posibilidades a su ruta y entre otras cosas debe de aquietar las aguas al interior de su partido para evitar que otros quieren aventarse el rebase por la derecha.

En el caso del cometa morado, el que manda, es el que tiene que apoyarlo y dejarlo brillar y hacer, pero además debe de aquietar a sus animalitos y evitar que la ruta al 2024 se le convierta en un batidero, pues es esa una galaxia que no sabe de quietud y disciplina.

El cometa azul debe de evitar a toda costa el pleito hacia arriba, tiene que ser sumamente institucional y su ruta de viaje una elíptica perfecta, no asumirse como el nuevo líder, o como el hermano mayor de nadie y ver el 2024 como un primer escalón en un viaje más largo, de tal forma que debe de brillar justo lo necesario y nada más.

El cometa morado por su parte, tiene la obligación de asumir un liderazgo, ser la fuerza política, el adalid que cuida de los demás pollitos, el hermano mayor de un movimiento electoral que no sabe como ser partido político, tiene que ser el que se “faje” y le entre a los fregadazos.

Al azul le basta con demostrar que sigue siendo disciplinado, al morado le cae falta demostrar que es la mejor opción, a pesar de que no fue el favorito del señor.

El azul sin lugar a dudas tiene la reelección en sus manos y solo si comete errores la puede perder, mientras que el morado tiene que ganarse ese derecho a la reelección, la que no tiene en sus manos y tiene que pelear por ella.

Si los dos cumplen con su trabajo, entonces el 2024 será sin consecuencias y entones sí, cada uno de ellos tendrá que modificar su estrategia, pues la ruta para el 2027, es completamente distinta para cada uno de ellos, pero eso se verá hasta después de septiembre del 27, tiempo al tiempo…

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Un viejo maestro en temas políticos explicaba que una administración para poder funcionar, ya sea federal, estatal, o municipal, tiene que tener tres ventanillas abiertas que le permitan transitar y generar acuerdos políticos, económicos y sociales.

Decía el maestro que un gobierno que sabe escuchar, tiene ganada de entrada la mitad de las batallas, pues si escucha, tiene la posibilidad de sentar a la mesa a todos, antes de que los problemas crezcan y se conviertan en conflictos.

Por el contrario, un gobierno que no escucha, que no dialoga, que no atiende, no tiene posibilidades de caminar por la ruta de la paz y los acuerdos y muy seguramente en su camino ira dejando muertos y heridos que se convertirán en problema tarde que temprano.

Todos los sectores de la sociedad por supuesto que no son iguales, pero la ruta de la atención es la misma, es decir, una administración inteligente abre una ventana para el dialogo político, la cual puede se atendida por dos, tres o más encargados, los cuales atienden a publico que se forma dependiendo su naturaleza.

Pero la obligación de quienes atienden esa ventana, es tener sobre todo la capacidad de escuchar y atender a quienes les tocan la puerta. Son excepcionales aquellos que tienen una sensibilidad especial, para no solo atender a quien llega a la ventanilla ya que además son ellos los que llaman a otros a que se acerquen o van por ellos para dialogar, para entender, para lograr acuerdos de entendimiento mutuo y es que entienden que el dialogo político es la llave para éxitos futuros y que atención a futuros “clientes” es la ruta del éxito.

Hay otra ventanilla que debe de ser atendida por especialistas, y es la que tiene que ver con mecanismos de comunicación. Esa ventanilla tiene la obligación de lograr diálogos con quienes se pueden convertir en “cajas de resonancia”, para por su vía hacer llegar las versiones correctas a la calle o a un determinado sector.

Esos especialistas son los que preparan el material sobre temas concretos, sobre incendios que deben ser sofocados, o por el contrario, sobre incendios que deben de ser alimentados.

Esa tarea es tan especializada, que de entrada no puede ser atendida por groseros, por faltos de tacto, o por quienes desconocen las normas mínimas de la cortesía y que piensan que el manual de Carreño es un texto que habla de cómo armar bicicletas o lo que es peor, que creen que solo es una leyenda urbana su existencia.

La especialidad de esos que tienen que lograr comunicación, es la empatía, pues al que llega con ellos, debe de salir convencido que ellos piensan igual que él y que lo que le compartieron es lo que él mismo pensaba es urgente, justo y necesario hacer.

La tercera ventanilla que debe de tener abierta una administración, un gobierno, es la de las inversiones, que es la que debe ser atendida por especialista que tengan muy en claro el costo de una inversión, de una obra y su utilidad, tanto la social, la económica y por su puesto la política.

Esos especialistas deben saber negociar, cuantificar y establecer tratos que dejen satisfecho al cliente y que sus obras, sus inversiones sean cien por ciento favorables a la administración y al ciudadano.

El maestro sabía poner muchos ejemplos históricos sobre quienes hicieron bien esas tareas y sobre quienes se equivocaron en el camino que siguieron, también nos platicaba de quienes empezaron mal, pero como en el camino lograron recomponer las cosas, era genial el maestro…

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Un metiche se asoma y dice: ¡qué rara entrega!… y se escucha una respuesta a baja voz, “sí, verdad…” y luego esa misma voz dice en tono más alto: “hasta mañana hablamos de grilla, hoy era una charla de política”… el metiche, insiste, “no entendí” y el columnista se ríe…

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Respuesta: Ok, enterado…