Una reflexión sobre mis 50 años…

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“Los recuerdos son cada día más dulces, pues el olvido solo se llevó la mitad…”.

No se a usted, pero a mi me encanta la música, escucho casi de todo y sobre todo me encantan las canciones que cuentan una historia, es decir, claro que son bonitas las que hablan de los sentimientos a flor de piel, de los sentimientos profundos, y esas cosas, pero son más “sabrosas” las que cuentan una historia, pues es a través de ellas que uno puede encontrar o reencontrar pasajes en los que es posible verse reflejado.

Para colmo soy uno que se enamora de los recuerdos, de las fantasías, de esas historias que no pasaron y que todavía hoy me imagino que pasaron y me duele lo que no pasó y me vuelvo a enamorar de la que nunca encontré o que la encontré cuando ya no podíamos enamorarnos.

El colmo es que la vida es una chica bastante sorprendente y de pronto nos pone en el camino a quien hace años soñamos y solo lo hace con el fin de reírse de nosotros, pues nos pone en el mismo camino a quienes hoy no podemos ser lo que hubiéramos sido si nos hubiéramos encontrado 20 o 15 años antes.

Aunque siendo sincero con uno mismo, si nos hubiéramos topado en el pasado a la mejor hubiéramos pasado desapercibidos el uno para el otro, simple y llanamente nos hubiéramos ignorado, pues el pasado no era el tiempo ideal para encontrarnos, pues todavía no éramos lo que hoy somos, no teníamos la historia que hoy tenemos y no nos hubiéramos reconocido como almas hechas para vivir una historia. Haga de cuenta que nos pasaría como si fuéramos dos actores que todavía no estaban listos para representar el personaje necesario y contundente para la historia del otro.

Y es que hay quienes dicen que siguen siendo los mismos de toda la vida, que nunca han cambiado, que la vida les ha dado el regalo de no cambiar, pero aunque eso es así en pequeñas cosas, lo cierto es que en todos se producen cambios, pequeños accidentes que en algunos casos se dan para evolucionar y en otros, solo para ser peores.

Claro también hay los que cambiaron absolutamente en todo, pero en esos casos lo que hay que preguntar es si al principio se negaban a si mismo, o si es hoy cuando cuentan la mentira de quienes son realmente. Y lo mismo cabe preguntarse de quienes alcanzan la santidad, como de quienes se volvieron perversos.

Pero lo más sabroso de la vida, es vivirla, aceptarla en todos sus matices, sus muertes, sus alegrías, sus pecados, sus tristezas, sus amores, sus rompimientos, con sus amantes prohibidos, con besos que no se dieron, con besos que no debieron darse, con besos no correspondidos, con besos que los dos se quieren dar, pero que no lo hacen, pues saben que son prohibidos.

Hace muchos años me enamore de una mujer, a la que el miedo no me permitió decírselo. Pasados algunos años, alguien me dijo, que ella estaba igual de enamorada, pero que yo nunca di el paso para hacer que las cosas pasaran. Ya era tarde, no había forma de cambiar las cosas y ella y yo, somos una historia que no pasó, pero que me encanta pensar que si hubiera pasado, hubiera sido magnifica, sumamente divertida y llena de besos, de esos que los dos queríamos darnos y que no nos dimos.

En otra ocasión me enamore de una mujer a la que quise con toda el alma, pero ella a mi no y lo entendí y por eso acabamos, sin tragedias, ni nada por el estilo, ella tranquila y satisfecha de que yo me hubiera dado cuenta que ella no me quería como yo a ella, yo tranquilo y hasta feliz, pues ella me permitió quererla.

Pasaron los meses, hasta juntar dos años y ella me habló, pues entendió que no iba a encontrar a nadie que la quisiera como yo la quería. La verdad es que yo la seguía queriendo casi igual, y fue ese “casi”, el que ya no permitió que la historia continuara y los dos lo entendimos y ya jamás volvimos a saber nada el uno del otro, bueno, se que se casó, que tuvo hijos y esas cosas, pero solo de oídas, incluso creo que si nos toparamos en la calle, a la mejor a mi me estallarían todos los recuerdos, pues nunca me he olvidado de sus ojos, de como le brillaban, de sus manos serenas, de su cabello castaño, lacio y siempre largo y por supuesto de sus labios finos. Pues podrá pasar mucho tiempo y ella seguirá siendo ta bella como cuando la conocí en aquellos años lejanos del inicio de la década de los 90’s.

Fijese, con ella vi el estreno en el cine de la película Dracula, la que dirigió Francis Ford Coppola y el primer beso me lo dió en los jardines del teatro de Camara, ese al que después le pusieron Fernando Saavedra.

Pero muy seguramente ella no me reconocerá, pues ya han pasado 28 años y yo en ese entonces ni bigote, ni barba usaba y todavía tenía bastante pelo…

¡Mire mi amigo, si usted no ha vivido la vida, no juzgue a quien si la ha vivido y la a disfrutado completa, hasta las cosas cabronas!, fue el mejor consejo que me pudo dar un amigo al que conocí cuando él ya era viejo, quien ya hace más de 20 o 25 años dejó esta vida para irse a rendir cuentas ante el tribunal supremo.

Yo creo que el cabrón ese todavía ha de estar en juicio, porque si algo hizo, fue hacer muchas y deberlas casi todas, pero no por eso era mala persona, al contrario era un tipazo

Así que por eso creo que su juicio todavía no termina, pues de aquí a que se presenten todos los hechos, ha de ir pa largo.

Mi madre, “La Chuca” Fierro, -el apodo se lo puso mi abuelo don Alfonso, así que cuando yo lo uso, es en memoria del viejo, el patriarca de la fierrada y es con absoluto cariño-, ella fue la que me dijo aquello de “para que son pasiones, si no para vivirlas bien” y por eso en mi vida no son extraños los amores “prohibidos”, pero déjeme le explico, no soy, ni tengo forma de ser un Casanova, ni el físico, ni la cartera me ayudan para esa actividad, eso lo se de cierto, pero esas cosas yo me las explico de otra forma:

“De lunes a viernes procuro enamorarme dos o tres veces a la semana, y los sábados el doble si está nublado”, es una frase que acuñe hace muchos años para explicarle a una queridísima amiga que yo vivo enamorado, que soy tan idiota que me construyo sueños solo por el placer de poder vivir en ellos. Y que cada vez que puedo me pongo a buscar motivos para volver a enamorarme de quien ya vivo enamorado.

Haga de cuenta que cuando escuche al argentino más chihuahuense del mundo, Alberto Cortez, cantar aquello de construir castillos en el aire, de inmediato grite: ¡ese cabrón es mi paisano y somos vecinos!, pues Alberto tenía su castillo en el aire y yo mi mundo de sueños junto a su parcela.

¿Pero no andas viendo a quién plantarle besos y levantarle la falda?, me preguntan y la respuesta es muy sencilla, “No, no ando viendo a quien hacerle eso, lo que si hago es imaginarme que ya lo hice” y con eso confieso mi pecado, me enamoro de muchas, de casi todas, es más, ya estoy enamorado de la amiga que voy a conocer el año entrante, pues en mi loquera parto de la idea que el amor lo debe uno regalar entero, completo y que sea la vida y la persona a la que le regalas tu amor, las que se encarguen de hacerlo crecer, o de apagarlo.

Total, el ejercicio de reflexión me vino hoy porque estoy a 9 días de cumplir 50 años y siempre por estas fechas, días antes, días después, me pongo nostálgico recordando a los amigos que ya no están, incluso recordando a los amigos que ya no lo son.

Hay a quienes les gusta hacer balance, haga de cuenta que se hacen una auditoria, como si fueran a revisar si han cumplido con sus metas, con sus objetivos y tras la auditoria, pasan a el planteamiento de las nuevas metas, de los nuevos objetivos y la verdad es que algunos de los que hacen eso hay que felicitarlos, pues su vida es una larga fila de “éxitos” y cada año tienen algo más de que sentirse orgullosos.

Yo por mi parte todavía me acuerdo del día aquel en el que yo le hacia cosquillas en las rodillas a una mujer y ella al voltear a verme me dijo, “no me hagas cosquillas” y le conteste que me encantaba hacerlo, porque le brillaban los ojos y ella con una sonrisa de vaga absoluta me contestó: “hay otra cosa que me brilla más” y ese día entendí a la perfección que entre ella y yo se tejería una gran historia.

Hay quien pasa revista de sus propiedades y se siente satisfecho de lo logrado en toda una vida de esfuerzos, yo por mi parte, me basta con darle una nalgada bien dada a mi Shakira Sinaloita cuando la agarro descuidada y oírla decirme, ¡ya cabrón, si me dolió!.

Hay quienes me cuentan de que su negocio va bien, que el año entrante va a crecer, que tendrán una nueva sucursal y que tienen en la mira muy buenos contratos, yo lo que tengo en la mira es la sonrisa de Miriam, mi princesa repunosa que está feliz porque es universitaria y está estudiando Teatro, o ver al gordito mi Gymbito -cuando está contento el pinshe mocoso puberto- y reírme de él amenazándolo que le voy a dar unas nalgadas nada más para quitarme el estrés. Y que decir de ponerme a discutir con “Tatis” el que hasta hace poco estaba flaco, pero que ya agarró carnita y es el lepe más vago y ocurrente que conozco.

¡Voy a cumplir 50 años! y me maravillo de ello, no por que sean muchos o pocos, pero si porque son míos y por las historias que hay en cada uno de ellos.

Empece esta reflexión señalando que me encantan las canciones, sobre todo las que tienen historias, pues bien, deje le cuento que hay historias que pasaron y fueron una enorme tragedia, otras fueron dolorosas en extremo, unas más, deberían de llenarme de arrepentimiento, pero Joan Manuel Serrat escribió: “Los recuerdos son cada día más dulces, pues el olvido solo se llevó la mitad” y el chiste de hacer “memoria”, es para llenarnos de gusto de que a pesar de todas esas historias, las reales y las inventadas, todos los días renuevo la promesa que me hice hace muchos, muchos años, de disfrutar la vida un día a la vez, pues si bien es cierto que un día habremos de morir, todos los demás serán para estar vivos…