Sombra de Letras. Rafael Navarro Barrón

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De rodillas ante tanto pende…jete

Cuando el periodista y empresario Marco Antonio Torres Moreno asumió la dirección editorial del periódico El Diario, algunos periodistas que fuimos invitados a laborar en ese medio de comunicación pedimos ‘claridad’ en el manejo de la política editorial que se estaba desarrollando, al marcar una abierta política de protección al gobernador en turno y su partido.

La genialidad del periodista estableció inmediatamente la posición de la empresa de comunicación que insistía en darle apoyo a la corriente priista de la entidad y en franca oposición al resto de los partidos, particularmente en contra del Partido Acción Nacional.

En la mente de los reporteros priva siempre la idea de la equidad, algo que es imposible en el mundo real. Y aquí viene la respuesta de Marco Antonio Torres Moreno a nuestra solicitud: “no olviden, compañeros que El Diario es una empresa privada…el propietario decide a quién apoyar y a quién no”.

Esa es la reserva con la que están trabajando hasta este día los medios de comunicación en Ciudad Juárez. Aunque vergonzosa la posición de esos medios de comunicación, no debemos de olvidar que se trata de empresas privadas, sujetas a las necesidades económicas del inversionista o propietario y, en lo particular, a las preferencias electorales.

En Ciudad Juárez y particularmente en el Estado de Chihuahua los medios de comunicación se acomodan mejor con el Partido Revolucionario Institucional, pero saben acomodarse a las circunstancias de alternancia que no son otra cosa que ‘actos de sobrevivencia’ en estos momentos de dificultad.

La posición de Javier Corral Jurado en relación con los medios informativos de Chihuahua, tiene al borde de la quiebra a varias empresas de comunicación que en otro tiempo fueron boyantes estructuras empresariales.

Un dato que no tiene vuelta de hoja: si gana Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya muchos medios estarán en serios problemas financieros. Se desplomarán negocios formales e informales que se hacen alternamente al de comunicación; se caerán inversiones directas o indirectas…también se esfumarán privilegios ante el Sistema de Administración Tributaria, el Infonavit y el IMSS.

Precisamente en este punto estamos. La política editorial de algunos medios de comunicación se ha tenido que modificar sustancialmente para poder sobrevivir en estos tiempos difíciles, pero no se convence a los del gobierno que siguen en su misma posición.

¿Qué se estaría publicando de Javier Corral Jurado, por ejemplo en El Diario, si los contratos de publicidad estuvieran como siempre? La respuesta es obvia. Y sucedería lo mismo con el resto de los medios de comunicación en la entidad chihuahuense.

Ya no es como antes. En el pasado, una llamada telefónica desde cualquier estructura del poder público era la diferencia entre publicar o no una nota informativa. No importaba la democracia, ni la pluralidad, ni el periodismo libre. Lo más importante era el compromiso del propietario del medio o la decisión del director que asumía la posición de la empresa para quitar o poner notas informativas.

Se veía mal, como se ve en la actualidad, pero hay que recordar la premisa de Marco Antonio Torres, “no olvidemos que son empresas privadas…”.

Marco Antonio fue años más tarde, con Teto Murguía, secretario de Seguridad Pública municipal. Su participación en un área de seguridad en el Estado de México, cuando gobernaba Enrique Peña Nieto, le valió como currículo para que el entonces alcalde lo invitara a hacerse cargo de la seguridad de la ciudad.

La lucha contra el narcomenudeo fue evidente en ese periodo. Se contaban historias tremendas de los narcomenudistas, que eran los manejadores y propietarios de los negocios de distribución de drogas. Los policías de todos los niveles estaban al servicio de estos ‘capitos’.

Estos ‘inversionistas’ no rebasaban los 30 años. Tenían los números telefónicos de los jefes policiacos y les hablaban cuando “alguien (de la misma corporación) los estaba molestando”.

Una nueva versión de Marco Antonio Torres Moreno sirve como elemento para poder definir lo que ocurre actualmente en Ciudad Juárez en materia política.

Un día, en la oficina de lo que se conoce como estación Babícora, Torres Moreno atendió a un comandante de la corporación. Escuché circunstancialmente la conversación entre el secretario y su subordinado que terminó con una nueva sentencia del ahora jefe de policía:

“Es increíble que en Ciudad Juárez, tanto pendejete nos tenga doblados de rodillas”: frase para la posteridad al referirse a los jóvenes dueños de picaderos.

Los problemas sociales que vivimos en la entidad y, particularmente, en ciudad Juárez han estado salpicados de esa perniciosa tendencia de los que hacen periodismo y benefician a los imbéciles servidores públicos que nos gobiernan.

Día a día se negamos a los movimientos sociales, políticos, partidistas, sindicales y populares, el derecho a dar a conocer lo qué piensan y lo que les molesta socialmente. ¿A cambio?, el silencio cómplice, aduciendo que somos ‘negocios’ de comunicación y que publicamos lo que nos da la gana.

Qué lamentable que hayamos dejado de competir ya no para ganar una nota informativa, sino para presentarla mejor y objetivamente. Hemos secuestrado la comunicación para dar paso a que “verdaderos pendejetes” estén haciendo de Juárez y la entidad un nicho de poder que, tarde o temprano, traerá consecuencias.

Creemos, estúpidamente, que al no publicar la nota ‘como fue’ o ‘escondiéndola’ no llegará a los lectores. Se equivocan. Los lectores la encontrarán, la distribuirán, la comentarán, harán un meme de ella y pensarán lo que pensamos la mayoría, “que los medios están en una franca decadencia de credibilidad”, por eso se están muriendo.

Y esa es la realidad: no hemos medido las consecuencias. Ciudad Juárez está como está por la complicidad en la que realizamos el periodismo. Esa visión de “yo te hecho la mano, pero no te olvides de mí”, ha derivado en lo que hoy somos como ciudad, como zona de trabajo.

El deterioro urbano, la suciedad, los camellones abandonados, la corrupción de las corporaciones policiacas, la oscuridad de las calles, los baches, la basura, las casas abandonadas, las fugas de aguas negras, las banquetas mal hechas, las rutas viejas y desvencijadas, no son otra cosa que el efecto de los malos gobiernos.

Y allí seguimos, estacionados como perros debajo de la mesa esperando las migajas del gobierno.

Estamos dejando solos a los maestros, a los productores del campo, a los padres de familia que son extorsionados en las escuelas públicas a cambio de educación para sus hijos; estamos abandonando a los pobres que acuden a los centros hospitalarios donde no hay atención médica de calidad, ni medicinas, ni ganas de atenderlos.

Estamos dejando solos a los padres de familia, esposos, hijos, mamás de tanto joven, hombre y mujer, que son asesinados en las calles de la ciudad.

Dejamos que las instituciones sean tomadas por rufianes de la política, porque “somos una empresa privada de comunicación y nosotros decidimos lo que publicamos”. Y allí están, los pendejetes poniéndonos de rodillas a todos. Llegan a puestos que no se merecen y dictan desde los puestos de poder políticas públicas que nos hacen temblar a todos.

Entiendo las reglas del juego. No me chupo el dedo. Hace exactamente 57 años dejé de hacerlo, pero puedo observar que la monstruosa aceptación que tiene López Obrador es el resultado de lo que estoy escribiendo hoy.

Hay un hartazgo real, auténtico, genuino, elemental. Ya nos hartaron los ricos en el poder y sus estridencias; sus cómplices que se llaman periodistas sin serlo.

Lo peor que le pudiera ocurrir a Juárez es el cierre de al menos dos periódicos que están en riesgo real y latente. Ya cerró sus puertas el periódico Norte. Y lamentaría el cierre por los periodistas y demás trabajadores del gremio que se quedarían sin empleo.

Pero la realidad nos va a alcanzar por el efecto AMLO y Anaya, en caso de que pudieran ganar la elección. Esa circunstancia modificará sustancialmente las condiciones actuales de los medios de comunicación. Se van a quedar sin sus prebendas de siempre. Qué bueno. Lo merecen como un efecto de la justicia social.

De allí la ‘cargada’ a favor del candidato del PRI. A diario, un sector muy importante del país, se levanta con el ‘Jesús en la boca’ pidiendo el milagro de Mitofsky, pero las encuestas no suben para el ex secretario de Hacienda que no es un mal candidato, pero que representa a un mal partido y a un gobierno corrupto que es una vergüenza nacional.

Es así como el llamado ‘peje’ se mueve como pez en el agua. Su discurso no está fuera de la realidad, se mueve en la realidad de este México nuestro. Muchos pensamos como él, quisiéramos un país como lo plantea en sus discursos… aunque en el fondo no creemos que pueda ocurrir, no por falta de fe, sino porque las condiciones en las que está nuestro país no lo permitirían.

Venir a Chihuahua y decir que “Corral es muy poco gobernante para tan grande pueblo” es una réplica de lo que muchos, incluyendo la misma gente del gobierno estatal, están pensando de su gobernador, pero el gobernante ni se inmuta, piensa que el peje está enojado porque perdió el debate.

Y lo peor del caso es que no hay cambios sustanciales, solo una perniciosa idea de confrontación, de estarnos jodiendo unos a otros cada día; le encontramos respuestas políticas a problemas sociales y no avanzamos en la estructuración de una entidad que merece otro destino.

Estamos más preocupados por un político, afín al PRI, corrupto y saqueador de las finanzas del estado, a quien se le apoda La Coneja, que por la falta de medicinas en los hospitales. Que si se va o se queda en Chihuahua. ¡Qué importa!

Las oficinas de gobierno en Juárez cumplen más de 10 días cerradas por los maestros y la autoridad se aferra a no escuchar, a no pagar, a no negociar…y a no actuar.

Si se tratara de un caso injusto como se ha dicho, el autoritarismo del gobierno –característica de Corral- ya hubiera actuado con policías y macanas. En el fondo se sabe que, aunque político, es un movimiento justo, las demandas son reales y tienen que ser atendida con urgencia, pero el Estado carece de humildad para enfrentar sus yerros.

Y allí estamos los medios de comunicación. Algunos dirigidos por los “pendejetes” a los que se refería Marco Antonio Torres Moreno.

Es lamentable como el periodismo tradicional ha caído en la trampa de verdaderos truhanes que mienten deliberadamente en sus ediciones. ¿También a sus patrones?, sería muy lamentable que ocurriera así.

Una cosa es el negocio y otra cosa es la mentira. Nunca como en estos tiempos los medios de comunicación habían estado en manos de vividores de la pluma, de extorsionadores.

Y, aunque no soy agraviado por sus mentiras, me perturba saber cómo de una estupidez se puede generar una nota de ocho columnas (nota principal en un periódico) o abrir (en noticieros de radio o televisión) o subir (en medios electrónicos de Internet), información que solo busca asustar a tontos, como ocurre todos los días en esta frontera.

Decía Carlos Loret de Mola (el ex gobernador de Yucatán, no el remedo de periodista que está en Televisa), “si tienes la nota y te consta, hazla pública; si la tienes y te da miedo informarla, di que no la tienes; si la tienes y crees que se deba dar a conocer, aunque tengas miedo, no la publiques…el periodismo se hace con la cabeza y con los huevos y ambos deben de estar de acuerdo”.

Aquí seguimos.

Cualquier información enviada al siguiente correo será atendida bajo el principio de la confidencialidad absoluta. Gracias por la información aportada, alguna ya se está procesando.

Rafael Navarro Barrón [email protected]