Sombra de letras. Rafael Navarro Barrón

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La mesera del Sanborns tiene fundadas sospechas de que en cualquier momento los comensales se levantarán intempestivamente y se irán sin pagar la cuenta.

“Ya me pasó con Mocken, por eso no voy a votar por él”, dice la atribulada mujer con un rostro serio, un tanto maternal. Esta dama que nos aborda no es una típica mesera. Lleva su vestido de China Poblana y una cubierta en la cabeza. Es de ojos pequeños, pero de mirada profunda. En realidad me da la impresión de que es una clásica tía mexicana con la peculiaridad de estar sirviendo mesas en el restaurante que han elegido los políticos para hacer grilla.

Y a la tía, le importa muy poco quién sea el recién llegado. Lo mismo aterriza a “don cachondo” que tiene horas mirando a las mujeres despampanantes que van y vienen al Sanborns o a “don tiranosaurio rex” que lleva 20 idas al baño y una sola taza café.

Atrás de ella, una robusta empleada del negocio, supervisa el diálogo. Supongo, por el uniforme azul, que es la jefa de meseras del turno matutino y que tiene un don peculiar de sicoanalizar a los que gorrean con solo 40 pesos el café que se sirve en Sanborns.

¿Mocken no pagó la cuenta?, pregunto incrédulo y la mesera confirma el penoso suceso. “No la pagó…le llevamos la nota de mil pesos y se negó a pagarla. Nos dijo que él no había ordenado que se le sirviera gratis a todos invitados”, reafirmó la empleada de Carlos Slim.

La mujer robusta asentía con el rostro y escuchaba las razones de su subordinada, que tenía la orden de repartir las ‘comandas’ aunque los comensales estuvieran con el plato a medias, todo por evitar otra fuga masiva.

Y la historia lo reafirma: los periodistas y los políticos no son dignos de crédito, muchas historias anteceden a esa sabia decisión de los empleados del comedero que ayer no podían controlar sus comandas.

La mesera dice que los periodistas y los políticos ocupan muchas mesas, solo consumen café y exigen Splenda “que está tan cara y escasa”, además la ‘robusta’ es muy fijada y les cuenta los sobrecitos.

La tía recuerda lo que ocurrió el día en que Mocken la defraudó: una mujer que se presentó como enviada del candidato pidió apartar un área del comedero para un evento que encabezaría el ex alcalde.

La cuenta fue subiendo y llegó a la impagable cantidad de mil pesos. Cuando buscaron a la enviada de Mocken ya se había retirado, fue entonces que la camarera empezó a navegar por el salón con la comanda en la mano. Quienes la vieron, aseguran que era como una réplica de la visita a los ‘siete templos’ en Semana Santa.

Con toda la pena del mundo se apersonó con el ex alcalde de Juárez que aún permanecía en una de las mesas y le hizo saber que “su enviada” se había ido sin pagar la cuenta del servicio.

“¿Cuál representante? ¿Yo le pedí el servicio?”, preguntó el abogado González Mocken a la tía, que se sostenía en su posición. Aparte de molesto, el ex alcalde estaba sorprendido por la empleada del magnate libanés más poderoso de México. “No”, respondió la mujer, “pero la mujer me dijo que era su enviada”.

La tía recuerda que la responsable de este desaguisado era una mujer rellenita que se encargó de la organización y hasta sugirió a la mesera que no se mortificara por la cuenta, ellos la pagarían completita.

La huída de la mujer y la respuesta del ex alcalde motivaron que el candidato de Morena a la alcaldía perdiera su primer voto en Juárez y entró en la lista de anécdotas penosas que se estarán contando hasta que la tía lo perdone o Mocken pague la cuenta.

Son las 9:30 de la mañana y el Sanborns es un hervidero. Comparto la mesa con Osbaldo Salvador, Pepe Acosta y Emilio Arriaga. Estamos allí porque somos reporteros y en unos minutos arribará José Reyes Baeza, candidato del PRI al Senado de la República.

Y no me importa mucho lo que declare Reyes Baeza. Es un mitómano que carece de toda credibilidad; pero no hay duda que representa la ‘música’ que el PRI necesita para amenizar el baile que no prende.

Los priistas están desubicados. Solo piensan en los compañeros que huyeron, unos por la puerta trasera y otros por la de enfrente.

Y para que no haya dudas, algunos de los que ‘escaparon’ del enfermizo partido se fueron a sacar polvo a otras bailongos. Dicen que solo algunos cumplieron con la premisa del Filósofo de Rubio, Artemio Iglesias, “el que avisa no traiciona”, como lo acaba de ‘bien decir’ el profesor Miguel Ángel González que dejó el PRI para irse de candidato a Nueva Alianza. Nadie se inmutó.

Después de tanto café mis neuronas están al máximo de su capacidad. Y el candidato priista nos trampa cuando la mesera que defraudo Mocken nos acababa de traer los platillos. Si la parafernalia me lo permite, degustaré unos huevos rancheros; en la mesa se ha colocado otro almuerzo, huevos fritos con unas simbólicas tiras de tocino. El Sanborns goza de una mala fama en la calidad de sus comidas. Todos coincidimos en el punto; del bufete es el peor de Juárez: ni chilango ni norteño, por eso nos sentimos agraviados cuando nos llevan la cuenta.

Mesas completas esperan al candidato que ya está en el comedor. Saluda uno a uno y con algunos se detiene a atender temas particulares. Por unos instantes se reviven los tiempos de aquel extraño gobierno, de la administración estatal que se le fue de las manos porque se asustó…

Supimos que había llegado al restaurante de Sanborns porque minutos antes empezó un inusual desfile de políticos, típico entre los tricolores que han mediocratizado a ese partido convirtiendo a sus políticos en dioses.

Y la cosa es así: primero entra la avanzada, preparan la mesa, se explican entre ellos el programa, llaman a los que van a acompañar al candidato y quitan a los que se pusieron sin ser llamados…y por último ubican a los medios de comunicación por elemental jerarquía.

Cuando todo está listo, el ritual se cumple. Si hubiera música de vals se verían mejor, pero lo que sobresale es un murmullo porque aquello parece una fiesta de encuentros y reencuentros. El chambelán en turno, es José Luis Canales de la Vega, el cura. Ingresa al restaurante como si estuviera abriendo el baile y, tras de él, la novel candidata al senado de la República, Georgina Zapata, el ‘Frankenstein’ político que crearon, por un lado su padre, el líder de la CTM, Doroteo Zapata y por otro el ex alcalde de Juárez, Héctor Murguía. El Teto, en su ambición de ser candidato a gobernador, hizo un pacto de sangre con el dirigente cetemista que, dicho sea de paso, es capaz de vender su alma al diablo.

La joven abogada es una mujer de buen carácter, goza de una inteligencia natural y carisma.

El día en que se concretó su participación como candidata al Senado tuvo un momento de flaqueza. Su nuevo jefe político, el ex gobernador del Estado, fue el elemento catártico que le regaló un hito de tranquilidad.

Reyes Baeza analizó con la joven política el panorama reinante. Le habló de la conjugación política que como nunca le sonríe: amigo del gobernador Javier Corral; sin competencia de candidatos al Senado por parte de los independientes y apoyado por su viejo amigo, Armando Cabada; además le empalmaron al cantante estrella del Conjunto Primavera, Tony Meléndez que ha sido una nulidad en la Cámara de Diputados como legislador, pero garantiza el voto del populacho que aun canta sus canciones en las fiestas de barriada.

Fue entonces que Georgina se sintió segura y emprendió esta nueva aventura. Y si Reyes asegura que, “ella llega porque llega”, entonces la candidata se tiene que sentir segura.

Los huevos rancheros están en su punto. Nosotros permanecemos de pie esperando que el candidato llegue a nuestra mesa. El saludo es breve y cortés. Reyes luce o desluce una figura delgada. Debajo de un chaleco negro se observa la infaltable camisa blanca con los logotipos del PRI y su nombre.

Pepe Acosta que conoce a Reyes Baeza desde sus años mozos, asegura que el candidato a senador llegó a jugar futbol americano, pero tenía una peculiaridad, no sabía driblar y solo corría hacia el frente, por eso le decían ‘la liebre’.

A sus 56 años su cabellera está un tanto más blanca que el día en que entregó la gubernatura al innombrable César Duarte.

El candidato está frente a nosotros. Nos sugiere que le entremos al almuerzo porque “se va a enfriar”. Pienso que los huevos rancheros tienen varias ventajas a su favor: están sobre un par de tortillas doradas en aceite, los cubre una salsa que regularmente está tibia, además están en un plato de cerámica.

Analizo el tema culinario y creo que sería catastrófico haber pedido unos ‘huevos tibios’. No son, de acuerdo a la física, fáciles de mantener calientes y, cuando no se comen inmediatamente, se cuajan.

Por eso y otras causas, a Reyes Baeza le dicen el huevos tibios.

El jolgorio está prendido. La asistencia al evento de Reyes Baeza me dio la oportunidad de saludar a infinidad de personajes que estimo y respeto. A periodistas como Rubén Villalpando que mantiene su lucha por hacer justicia total a Miroslava Breach.

El grupo de comensales coincidimos en la marranada que ha hecho Corral y su camarilla de proteger al ex alcalde Hugo Amed Schultz Alcaraz, de Chínipas y a Alfredo Piñera Guevara, el actual vocero del PAN quienes en el argot delictivo que utilizan los narcos, “pusieron a Miroslava”.

Y sin cortapisas se habla de ese proteccionismo. A Piñera lo enviaron dos meses a Europa para protegerlo de posibles embates jurídicos y periodísticos. La indignación sigue.

Allí saludé también al abogado Sergio Conde Varela, el hombre que destapó por primera ocasión la doble cara y la doble moral de la ‘Familia Feliz’, este grupo de panistas que en algún tiempo encabezó Francisco Barrio.

Y en una de las mesas, la finura y amabilidad de Carlos Rubén Delgado, al jovial amigo de muchos años Jorge Jiménez y el enorme grupo que degusta el café y los desayunos.

Reflexione en torno al tiempo concluyo que nos hemos hecho viejos. A todos se nos fueron los años abonando alguna esperanza, como periodistas aprendimos a convivir con el poder sus enviados, por eso la recepción a Reyes Baeza, a quien se le adjudican años de dolor y tristeza por haber coqueteado con el narcotráfico.

En otras latitudes del restaurante ubico a la suplente de Adriana Terrazas, Lety Villar; al controvertido Carlos Riojas, El Pony; a Lorenzo González Lechuga, El Chato, que regresó al redil priista después de un berrinche; al cronista de la ciudad, Filiberto Terrazas siempre estridente y griton; junto a él, el también abogado Ernesto Lucero Talavera; el infaltable Carlos Lomelí; el ‘independiente’ Alberto Rivera; el otro buen amigo, Cacho García; el ex diputado Jorge Carreón; el también ex diputado René Franco Ruiz; y otro que busca el mismo cargo, Fernando Mota Allen, entre otros muchos más que acudieron este martes 3 de abril a saludar a Reyes Baeza.

Y para ser franco, no son los tiempos pasados, son los tiempos presentes que no permiten ya improvisar porque todos hemos aprendido de los errores.

Ya no nos chupamos el dedo ni jugamos a la democracia porque sabemos que los candidatos que ahora vemos provienen de burdas imposiciones, que son parte de un engranaje de políticos que juegan con la oposición, con la que pactan y a la que manipulan para fingir un país democrático; son políticos que venden sus principios doctrinales y que, finalmente, se reparten los cargos públicos.

Y allí estamos nosotros, frente a ellos, retándolos, intentando aguantar el aire para no gritarles ¡corruptos!, comiendo huevos rancheros porque nos dan nauseas los huevos tibios y nos encabrita que Mocken no pague la cuenta.

Rafael Navarro Barrón [email protected]