Rezar por gobiernos justos y por la conversión de los victimarios: Obispo de la Tarahumara

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Monseñor Juan Manuel González Obispo de la Tarahumara, en su homilía del pasado domingo pidió a los feligreses recen para lograr gobiernos justos y por la conversión de los victimarios, que son los que originan la violencia.

En su reflexión Monseñor señala que en estos tiempos no se puede hablar de instituciones sanas y que de esa situación nadie se salva, ni la Iglesia, pues las instituciones “están compuestas por seres humanos con defectos y virtudes, como también con gracias especiales, como con pecados que son parte de la condición y de la naturaleza humana”.

El Obispo señaló que es necesario pedir de una manera muy especial, “por aquellas Instituciones que tienen la autoridad de gobierno, especialmente las Instituciones políticas, y al hablar de ellas no hablamos de algo abstracto sino que hablamos de personas concretas que nosotros mismos como Pueblo hemos elegido para que nos representen, nos administren, y sobre todo, velen por lo fundamental en la vida de los ciudadanos, es decir, hacer valer el Estado de Derecho, hacer valer la Ley, hacer valer la Constitución…”.

Monseñor Juan Manuel González, fue muy incisivo en ese punto, pues afirma: “No dejemos de pedir por nuestras autoridades legítimas para que Dios les dé la sabiduría y el discernimiento necesario para ver de qué manera pueden cumplir con el gran en cargo que se les ha confiado”.

Y de forma muy seria el Obispo de la Tarahumara les pide a los que gobiernan y que están haciendo mal su trabajo, que reflexionen y que se preocupen por cumplir bien con su trabajo.

Al hablar sobre los generadores de violencia, sobre los victimarios, Monseñor Juan Manuel González, le pide a la feligresía, que apliquen el verdadero sentir cristiano y su mensaje fue: “hemos querido y queremos promover la oración por toda aquella gente que llamamos victimarios y que de muchas otras formas se les nombra. Que directa o indirectamente son fruto de una sociedad descompuesta porque no se hicieron de la noche a la mañana, también son hijos de una familia, quizás de una familia disfuncional pero que a fin de cuentas, miembros de un mundo en el que poco a poco han ido quitando a Dios de sus propias vidas y esto los ha inclinado o llevando al camino que no es el correcto, ya que a veces la tentación es mucha, sobre todo en lo que se trata a la ambición de los bienes materiales y de ciertos placeres desordenados que la vida ofrece, creyendo que en el dinero, el placer y el poder, se va a obtener la auténtica felicidad y se va a tener aquello que se necesita para dominar y someter a los demás en el propio capricho de los intereses personales, por ellos es necesario pedir una auténtica y clara la conversión del corazón, queremos que se acerquen a lo que Nuestro Señor Jesucristo nos pide a todos: “traten a los demás como quieran que los traten…, con la misma medida que midas serás medido…, ámense los unos a los otros como yo los se ha amado…”.

A continuación el mensaje completo de Monseñor Juan Manuel González, Obispo de la Tarahumara:

Reflexión para pedir por las instituciones gubernamentales y por la conversión de los victimarios

Domingo 31 de julio de 2022

Qué difícil hablar sobre instituciones sanas, aquí podemos decir que nadie nos escapamos, ya que todas ellas están compuestas por seres humanos con defectos y virtudes, como también con gracias especiales, como con pecados que son parte de la condición y de la naturaleza humana, sin embargo, es necesario más que juzgar, exigir es decir, pedir que cada uno o que cada una de ellas, cumpla con sus deberes por las cuales fueron instituidas o constituidas.

Bien dice la Palabra de Dios: “Dichoso el siervo fiel que se encuentra cumpliendo con su deber
cuando su patrón regresa de haber ido lejos”, y en otro pasaje, “Siervo bueno y fiel por haber sido fiel en lo poco te confiaré lo mucho”, palabras de Nuestro Señor Jesucristo que son un estímulo para poder hacer las cosas bien y hacerlas de acuerdo a la voluntad de Dios, preocupados únicamente de cumplir con el encargo y la responsabilidad que desde un principio Dios nos ha encomendado a cada uno, desde el más alto representante hasta aquella persona que en su humildad y sencillez también tiene el deber, la obligación y ha recibido el llamado, la misión, de cumplir con un encargo, que siempre tiene que ver con los demás con el fin de seguir siendo constructores del mundo inacabado que Dios nos ha dado, el mundo del trabajo, de la economía, de la salud, de la educación, del cuidado del medio ambiente, de la seguridad, pero sobre todo, de la parte social dónde la mutua relación, el diálogo social, la amistad social, la fraternidad universal, el servicio, la entrega, la generosidad, deben de ser valores que hagan brillar su transparencia y, como les decía, la finalidad para las que fueron hechas siempre a favor del bien común y del progreso de la sociedad humana, es decir, el buen vivir de toda la gente donde todos podamos tener las mismas oportunidades, pobres y ricos, indígenas y mestizos, niños y jóvenes, e incluso, la sabiduría, la experiencia de toda aquella gente que ha trabajado y se ha esforzado y que ahora por el paso de los años no le queda más que transmitir esa sabiduría adquirida, esa memoria histórica que es la que le da valor e identidad a todo, a toda la historia, y que como legado o herencia nos han dejado.

Hoy, de una manera muy especial, nos toca pedir y lo hacemos con todo el corazón, por aquellas Instituciones que tienen la autoridad de gobierno, especialmente las Instituciones políticas, y al hablar de ellas no hablamos de algo abstracto sino que hablamos de personas concretas que nosotros mismos como Pueblo hemos elegido para que nos representen, nos administren, y sobre todo, velen por lo fundamental en la vida de los ciudadanos, es decir, hacer valer el Estado de Derecho, hacer valer la Ley, hacer valer la Constitución, de tal manera que todo contribuya para una convivencia social donde ciudadanos y autoridades caminemos al unísono buscando soluciones a los problemas que se presentan, pero también, contribuyendo a hacer una sociedad mejor dónde reine o impere la Justicia, la Paz, la ayuda mutua, la comunión y sobre todo la responsabilidad, una responsabilidad social, porque como dice el dicho “cuando le va bien a uno le va bien a todos”, pero tenemos que descartar toda clase de egoísmo, de envidia, de codicia, que como plaga se mete hasta lo más profundo de los corazones y hace que todo se corrompa o que se eche a perder, hoy más que nunca necesitamos gente de buena voluntad que se sume desde los más altos puestos hasta el más insignificante, políticamente hablando, de los ciudadanos, para que nuestra sociedad salga de los baches en los que ha caído, en la pobreza, la corrupción, la emigración, la impunidad, la indiferencia, en pocas palabras, la falta de preocupación por el otro que también es hermano, que también es ciudadano, que también es Mexicano. No dejemos de pedir por nuestras autoridades legítimas para que Dios les dé la sabiduría y el discernimiento necesario para ver de qué manera pueden cumplir con el gran en cargo que se les ha confiado.

A las buenas autoridades alentarlas y decirles que estamos con ellos dispuestos a cumplir con aquello que sume y contribuya a un bienestar social, y a aquellos que por algún interés particular no están cumpliendo como es debidamente el encargo que se les ha hecho, los invitamos a que reflexionen, asuman la gran responsabilidad que tienen, hagan un acto sincero de conversión y verdaderamente se preocupen por cumplir con su deber, que a fin de cuentas, no solamente les beneficiará a ellos, sino que beneficiará a toda la sociedad en general, que es quien con esperanza e ilusión confió en que se le daba ese puesto para servir y ayudar a un buen desarrollo social.

También hoy, en este domingo, hemos querido y queremos promover la oración por toda aquella gente que llamamos victimarios y que de muchas otras formas se les nombra. Que directa o indirectamente son fruto de una sociedad descompuesta porque no se hicieron de la noche a la mañana, también son hijos de una familia, quizás de una familia disfuncional pero que a fin de cuentas, miembros de un mundo en el que poco a poco han ido quitando a Dios de sus propias vidas y esto los ha inclinado o llevando al camino que no es el correcto, ya que a veces la tentación es mucha, sobre todo en lo que se trata a la ambición de los bienes materiales y de ciertos placeres desordenados que la vida ofrece, creyendo que en el dinero, el placer y el poder, se va a obtener la auténtica felicidad y se va a tener aquello que se necesita para dominar y someter a los demás en el propio capricho de los intereses personales, por ellos es necesario pedir una auténtica y clara la conversión del corazón, queremos que se acerquen a lo que Nuestro Señor Jesucristo nos pide a todos: “traten a los demás como quieran que los traten…, con la misma medida que midas serás medido…, ámense los unos a los otros como yo los se ha amado…

Comprendemos y entendemos que en nuestra sociedad muchas cosas no han funcionado como debiera, pero nunca es tarde para comenzar a arreglar lo que no funciona, a aprender de los errores del pasado, a buscar la resiliencia ante las pruebas tan difíciles por las que hemos tenido que pasar, y sobre todo lo más importante, volver a Dios, a su palabra, a la oración, a sus sacramentos, y sobre todo, a la preocupación por “un hermano caído en el camino”, por aquel que necesita de nuestra ayuda, ya sea porque ha caído en algún vicio o porque las circunstancias de la vida lo han llevado a caminar en la pobreza, el desaliento o la enfermedad, o desgraciadamente en ambientes muy críticos donde su corazón se ha corrompido, Nuestro Señor nos dice, “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores” por lo tanto, todos como Iglesia estamos llamados a pedir por la conversión de aquellos que se han alejado del camino de Dios y seguramente dentro de su corazón quieren volver a El, porqué como dice San Agustín, “su corazón estará inquieto hasta que no descansen en Él”.

Quizá desde un grito sordo y callado, pero que nace de lo más profundo del corazón, les decimos que son nuestros hermanos y que queremos que se reintegren al trabajo honesto y sobre todo y lo más importante, a la promoción de la Vida, así como ustedes quieren y buscan la felicidad, todos la buscamos y la queremos, pero ambos sabemos que es necesario poner los medios que la hagan posible, aquellos medios legítimos de los que nos habla el Evangelio, de lo que nos habla el sentido común. Basta de resentimientos, odios, deseos de venganza, basta de querer resolver los problemas por la fuerza, hablando se entiende la gente, el diálogo social es muy importante, algo tenemos que hacer y alguien tiene que comenzar, apelamos a su Fe, a su buena voluntad para experimentar un cambio desde lo más íntimo de su corazón, se reintegren a nuestra sociedad en un trabajo honesto, productivo que contribuya a una paz social que le dé sentido y fuerza a nuestras vidas. Una paz que consuele y ayude a todos los que han sufrido o hemos sido víctima de la violencia, Dios nos ayude a todos a buscar y encontrar los caminos adecuados para lograr esa paz que tanto deseamos.

Que la santísima Virgen de Guadalupe, quien quiere la felicidad y la unidad de todos sus hijos, nos ayude con sus flores y canto, que no son otra cosa más que la súplica de intercesión para que México tenga la unidad y la paz que su Hijo Jesucristo, “el verdadero Dios por quien se vive”, quiere para nuestra nación.

Juan Manuel González Sandoval M.N.
Obispo de Tarahumara