Embajador de Estados Unidos pide a sus connacionales regresen a “Casa”. ¿Se llevaran a Corral?

El asunto se presta para una entrega venenosa especial.

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El embajador de los Estados Unidos en México, el muy simpático Christopher Landau, pidió a sus compatriotas que andan de turistas en nuestro país que regresen a casa ante el riesgo de que se contagien con el coronavirus. Cosa rara, pues resulta ser que Estados Unidos tienen más casos detectados que nuestro país.

El embajador hizo el llamado con un video que fue transmitido por sus redes sociales, en donde señala que hay cancelación de vuelos y que puede suceder que ante el cierre definitivo de las fronteras y de vuelos internacionales a los Estados Unidos, esos ciudadanos paseadores ya no puedan regresar a su país.

Pero el mensaje de Christopher Landau, no solo es para turistas que andan de paseo, pues también instó a los ciudadanos estadunidenses que residen en México que analicen su situación personal y que en caso de requerir asistencia especial por parte de Estados Unidos, de acuerdo a su nivel de riesgo ante la pandemia o cualquier otro riesgo, acudan a la embajada a pedir auxilio.

El embajador anunció que el próximo martes 31 de marzo ofrecerá una conferencia en línea para responder en tiempo real cualquier duda al respecto.

Pues bien, ante ese video, y como está uno dioquis todo el día, solo pensando babosada y media y sin futbol, hoy que es “Viernes botanero”, deseoso de ver jugar a la gloriosas Maquina de la Cruz Azul, de pronto una voz de aliento azufroso, nos susurró al oido en forma de pregunta: ¿Habrá escuchado el mensaje nuestro aldeano golfo gringo? Y es que ya ve usted que después de muchos años Javier Corral Jurado, reconoció que él es nacido en gringolandia y que no ha renunciado a esa ciudadanía, cosa que en el pasado había negado de forma rotunda.

El recuerdo:

Era el año dos mil cuando Javier Corral Jurado, junto a Ramón Galindo Noriega y Jeffrey Max Jones Jones, buscaban ser electos candidatos al senado por el PAN, elección en la que midieron fuerzas una vez más los dos grupos antagónicos del partido fundado por Manuel Gómez Morín.

Apoyando a “la brujita” Corral, -apodo ese con el que sus detractores se referían al hoy gobernador en aquel entonces-, estaba la “Happy Family”, es decir Pancho Barrio, Memo Luján desde la presidencia del partido, el ingeniero Luis Herrera González y todos esos a los que se les achacaba querer hacer del PAN un negocio de familia en donde solo ellos obtenían puestos de elección ganables y a todos los demás solo les dejaban las sobras.

El otro candidato fuerte era si lugar a dudas el excandidato a la gubernatura que perdió en las elecciones de dos años antes -1998- Ramón Galindo Noriega, a su favor estaban los de la ultraderecha panista, conocidos como los Dhiacos y los huarachudos y un montón de grupos menores, que sentían un gran rencor contra la “Happy”, por que siempre los dejaban fuera, “nos ven como demasiado prietitos, no nos quieren por nuestro código postal”, decían en la mítica “Briagada”, los amigos que al reunirse hacían una bandeja de ceviche y al final destapaban una o dos botellas, normalmente de Bacardi, pero esos le entraban a todo y no era raro ver alguna que otra botella de tequila Horntios al final de esas reuniones en la carpintería aquella.

Lo que decían los de la “Briagada”, era el sentir de muchos al interior del PAN, pero en el Dhiac, no se podían quejar de ser demasiado prietitos, o de tener un código postal jodido, por el contrario, ya que muchos de ellos son chicos Tec de Monterrey, “Chavos La Salle” y con código postal de sus papás en San Felipe y en Lomas del Santuario.

El caos es que todos ellos que crecieron primero bajo el ala de don Luis H. Álvarez, que fue el que les abrió las puertas en el PAN y en esos años -finales del siglo pasado, principios de este siglo- se hacían fuertes bajo la protección del ingeniero Enrique “El Tío” Terrazas.

Ellos en ese entonces al parecer eran dirigidos realmente por Jesús Alberto Hernández Escobedo, un funcionario gris, que llegó a ocupar la delegación del Trabajo en el sexenio de Fox, quien aseguran muchas voces era el verdadero “jefe de plaza” de ellos, aunque durante mucho tiempo su cabeza visible era Jorge Manzanera y otros más, como María Teresa Ortuño.

Los Dhiacos, brazo visible del YUNQUE, contaba además con el apoyo de las fuerzas “de los burritos” del Opus Dei. El apodo de los “burritos”les viene desde España por la frase aquella que le achacan a su fundador José María Escrivá de Balaguer, quien decía que ellos “deberían de imitar la paciencia y acatamiento del burro que amarrado todo el día le da vueltas a la noria y así cumple con su destino en la tierra para la obra de Dios”.

El tercero en discordia era el Jeffrey, unos decían que su candidatura era impulsada por la Familia y que su objetivo era quitarle votos a los “Galin-Dhiacos-Huarachudos”, otros dicen que en realidad el mormón, al que luego apodarían “La Vaca” por su discurso en la asamblea realizada en el gimnasio Rodrigo M. Quevedo, -tema al que nos referiremos más adelante- también era impulsado por los dhiacos como una jugada pinza para joder a Javier.

El caso es que también se decía que Ramón Galindo en su soberbia, apoyaba al Jeffrey, con la intención de propinarle una doble derrota a “la brujita” Corral.

El asunto era que por un arreglo digno del pensamiento del genio tenebroso Joseph Fouché, se había acordado que al momento de votar en la asamblea, a los panistas se les entregaría una boleta doble, en donde votarían a quien querían en primer lugar de la formula de senadores y a quien en segunda formula.

Es decir, iban a depositar una boleta con dos votos en las urnas y Galindo con su soberbia creía que esa jugarreta le favorecía, pues decía que el panismo ya estaba cansado de la Familia feliz y su costumbre de creerse dueños del PAN.

Por su parte los de la Familia Feliz, decían que esa era la mejor trampa para evitar que Galindo fuera candidato al senado y con eso joder a los dhiacos y sus demás aliados que estaban creciendo de forma “incontrolable”.

Al margen de entender que la ultraderecha es una infestación, lo cierto es que al hacer una revisión sin odios y sin puntos de vista ideológicos, se tiene que reconocer que fue esa fuerza la que hizo crecer al PAN, pues los Dhiacos abrieron frentes en la sociedad, en la Universidad, en organismos no gubernamentales y eso les dio una fuerza tremenda, pues además sabían hacer alianzas con otros que no pertenecen a su cofradía y fueron los que le apostaron a prepararse, a estudiar y a utilizar técnicas modernas para las campañas, es decir, el marketing y esas cosas que hoy son indispensables.

El caso es que esa campaña fue un glosario completo de guerra sucia, en donde Ramón Galindo y Javier Corral, se tiraron con todo, se acusaron de mil cosas, señalaban que el otro estaba destruyendo al PAN, los de la Familia decían que los dhiacos eran un peligro y los dhiacos, aseguraban que los de la familia no querían permitir la democracia interna y lo curioso del caso es que los dos tenían razón.

Y mientras ellos se tiraban y acusaban de todo, Jeffrey avanzaba visitando a los panistas en sus casas, tocando puertas y pidiéndoles a todos que votaran por él como su segunda opción, “yo no te pido que no votes por Corral o por Ramón, vota por el que quieras de ellos en primera opción, a mi regálame tu segundo voto”, ese es el discurso que le escuche al Jeffrey en la sala de la casa de mis padres en la colonia Campesina, cuando fue a pedirme el voto y a que me sumara a su campaña o que cuando menos le ayudara a conseguir algunas entrevistas en medios de comunicación.

Pero el ataque que más hicieron correr en esa campaña de “guerra sucia”, fue señalar que Javier Corral era gringo, que había nacido en los Estados Unidos y que eso podía ser un impedimento para que fuera candidato al senado.

“Corral es gringo, no es mexicano, no votes por él, si ganamos y se revisa eso, nos va ha hacer perder”, repetían sin cansancio en todos lados.

La asamblea y los discursos:

La asamblea fue en el gimnasio Rodrigo M. Quevedo, se puso a reventar el graderío, y una zona VIP en la duela, donde en la parte que da a los vestidores fue donde se colocaron las urnas y las mesas de conteo de votos.

Quien presidió la asamblea fue el presidente estatal del PAN, Guillermo “Memo” Luján, quien en su discurso hizo un llamado a los panistas a que entendieran que el enemigo estaba afuera, que el PAN no podía debilitarse en guerras internas.

Su discurso fue recibido con aplausos y abucheos, y es que para muchos “Memo” era tan culpable como todos los demás de esas divisiones, pero además, el ánimo estaba caldeado y no bastaba un discurso para calmar las cosas.

¡Corral, Corral!, gritaba unos y de inmediato se escuchaba la respuesta: ¡Galindo, Galindo!, el pelito era entre ellos, no había porras a favor del Jeffrey, él y su equipo estaban tranquilos, sabían y se demostró al al final que ya estaban ganados.

Toco el turno de los candidatos de subir a dar su mensaje, el orden en el que hablaron es el de menos, vamos a lo que dijeron:

Ramón Galindo en su discurso habló de salir a la calle a hablar con los ciudadanos, de hacer una campaña de tierra, de que era el tiempo de que el PAN abriera las puertas, que estábamos -los panistas- en la época decisiva para el gran cambio, pero que para lograrlo se tenía que dar un cambio interno.

Ramón se llevó una carretada de aplausos, y un montón de rechiflas y abucheos.

Jeffrey subió a dar el discurso con el que se ganó el apodo de “La Vaca” y es que al hablar ante un gimnasio Rodrigo M. Quevedo llenó hasta las lamparas, dijo: “Mexico es como un camino en donde hay echada una vaca atravesada y si no la quitamos, no vamos a poder avanzar, hay que quitar a esa vaca del camino”, de lo demás nadie o quizá muy pocos se acuerden, pero eso fue lo que dijo el Jeffrey y volvió a pedir que los que fueran a votar le dieran a él el voto al segundo lugar.

En su turno subió a tribuna el de la enclenque figura, el del bigote de “aguacero”, el que en ese entonces acababa de agarrar la costumbre de andar de guayabera. Javier Corral subió con sus expresiones grandilocuentes y dijo algo que retumbó en el gimnasio, pues aseguró sin morderse la lengua: “soy chihuahuense por mis cuatro costados”.

Y con esa frase buscó terminar con el “ataque” de que él era gringo, se dijo nacido y criado en Ciudad Juárez, que se habían dicho muchas mentiras en la campaña y que él no iba permitir se siguieran diciendo.

Los 500 votos:

Los panistas después de escuchar los discursos se fueron a votar, y tras ello el conteo voto por voto, Jeffrey obtuvo más votos que cualquiera de los otros dos, pues casi todos votaron por él para que fuera el que ocupará la segunda posición en la formula al senado.

Cuando se dio el canté de los votos el grito de encabronamiento de los Galin-Dhiacos-Huarachudos, fue enorme y es que ellos de ultima hora se dieron cuenta que la candidatura de Jeffrrey Jones los dejaba fuera de toda posibilidad y bajaron la instrucción de que todos los suyos votaran tanto como candidato a primera formula como candidato a segunda formula por él y así asegurar una de las dos posiciones y el miedo fue la causa de su derrota.

Y es que cuando los escrutadores puritanos del PAN revisaron voto por voto, decretaron que la regla era votar por un candidato a primera formula y por otro distinto a segunda y de esa forma le quitaron algo así como 523 votos al juarense, se los anularon a la brava y eso desató el pandemónium, pues Javier Corral, “el chihuahuense por los cuatro costados”, ganó la interna siendo el candidato que menos votos obtuvo en las urnas, algo que luego se le hizo costumbre en las siguientes internas en las que participó.

La sangre por poco y llega al río, hubo manotazos, intento de reventar la toma de protesta, “Pilo” Galindo hermano de Ramón, junto con Juan Pablo Gasca eran de los que más arengaban a la raza a que se hicieran los madrazos. Al final el cansancio pudo más y todos a sus casas.

Al día siguiente Nelly Caraveo, Pilo Galindo, Ramón Sáenz, Juan Pablo Gasca y otros panistas de la “Briagada” de los “Huarachudos” y con apoyo de los dhiacos tomaron las instalaciones del CDE del PAN, las oficinas que estaban estrenando en la avenida Zarco y no permitían la salida y la entrada de nadie, es por eso que hasta se habló de secuestro y en la oficina de la presidencia estaban Memo Luján, Blanquita Gámez, el ingeniero Luis Herrera González, Martín Vargas Tellez y otros.

El pleito duro varios días y al final Galindo y los suyos se retiraron, el berrinche le costó a Ramón un año suspendido de sus derechos como panista.

Pero lo cierto es que si el miedo no los ataca, con esos 523 votos hubieran derrotado a “la brujita” Corral y los candidatos al senado del PAN de Chihuahua en el 2000, año en el que la “ola Fox” ganó todo, hubieran sido Ramón Galindo y Jeffrey Max Jones.

¿A qué viene el cuento y tan largo relato?

El cuento viene a colación por la frase esa de Javier Corral: “soy chihuahuense por mis cuatro costados”, dicha con el dedo indice de la mano derecha levantado y la trompa como si estuviera aventando un beso.

El tema se volvió recurrente en las acusaciones que contra Corral lanzaban sus detractores y siempre la respuesta invariablemente fue la misma, “soy chihuahuense por mis cuatro costados”, incluso presentó ante las autoridades su acta de nacimiento como si hubiera visto la primera luz en la fronteriza Ciudad Juárez y siempre, tras cada proceso de registro y en cada campaña de las muchas en las que Javier participó se le volvía a hacer el mismo señalamiento, “es gringo” y respondía que no, que él era mexicano.

Pero de pronto un día bajó la guardia y lo declaro con todas sus letras: “yo tengo la doble nacionalidad, nací en el Paso Texas y aunque busque renunciar a ella me dijeron que mejor no”.

Eso lo dijo en Ciudad Juárez el 30 de julio del 2019, donde entregó más de tres mil actas mexicanas a personas que cuentan con doble nacionalidad y donde al parecer la emoción le ganó.

La duda:

Pues bien, resulta ser que ahora que el gobierno del Estado ya canto una guerra legal contra jueces federales y que existe la posibilidad de que el juez octavo de distrito Tomas José Acosta Canto, dicte un sentencia de desacato contra el Congreso, la Comisión Jurisdiccional, el Fiscal César Augusto Peniche, los ministeriales y policías estatales que acudieron a detener al magistrado Jorge Ramírez, el personal que lo fichó dentro del penal de San Guillermo, el personal que lo detuvo en la Ciudad Judicial, la Juez que firmó su orden de detención, todos los demás implicados y el gobernador Javier Corral Jurado, nos nace la duda si un ciudadano norteamericano como lo es él, ¿puede ser juzgado en México?

Es a raíz de que Javier Corral reconoció que él es ciudadano norteamericano, que empezaron a surgir señalamientos de varias voces que afirman que ese es el motivo por el cual a nuestro aldeano golfo gringo no le preocupa cantar tiros, voltear la ley y hacer todo lo que hace, pues él en cualquier momento puede cruzar la frontera y desde la línea divisoria decirnos “Goodbye little friends”.

Y bueno, ahora que el embajador de los Estados Unidos en México, el muy simpático Christopher Landau, pidió a los ciudadanos de EU que andan de turistas en nuestro país que regresen a casa ante el riesgo de que se contagien con el coronavirus y que también le pidió a los ciudadanos gringos que están de residentes permanentes en nuestro país, que analicen su situación personal de riesgos y que en caso de que requieran asistencia especial por parte de Estados Unidos, la puedan solicitar a la embajada, la gran duda es: ¿Corral puede acogerse a ese llamado?

Digo… ya ve usted que eso de estar encerrado no es nada bueno, pero la duda existe y hay quienes dicen que es mucho muy real el tema…